En los últimos meses el centro de Valladolid ha estado cerrado al tráfico por contaminación en algunas ocasiones. Una medida nada popular entre aquellos que necesitan el coche para vivir, pero que refleja un problema que a la larga nos puede afectar a toda la población.

La idea de cerrar el centro de la ciudad al coche parece utópica hoy en día: quizás nuestra ciudad no está todavía preparada para confiar en el transporte público y otros medios de locomoción no “convencionales” (bicicletas, patines, coche eléctrico), pero necesita una solución drástica para amortiguar los gases nocivos que salen de los vehículos de combustión, principalmente los vehículos diesel. La respuesta ha estado siempre ahí: el verde.

En las últimas décadas en nuestra ciudad la vegetación se ha visto sustituida por la dictadura del pavimento de granito y la maceta decorativa, en busca de darle al centro una “monumentalidad” forzada que ya existía, sin necesidad de exterminar cualquier brote verde. Grupos como Valladolid desaparecido nos muestran fotos en los que existen arboles en lugares tan dispares como la Plaza Mayor. Los arboles en la ciudad no tienen nada en contra con “dignificar” un espacio: ciudades como Barcelona, Granada o Sevilla están llenas de arboles, zonas a las sombra de las que resguardarse del calor que nos trae, ya sin lugar a duda, el cambio climático.

Las nuevas calles peatonales en el centro, las agresivas medianeras que ocupan nuestra ciudad nos dan una oportunidad para reverdecer la ciudad. Estas actuaciones podrían formar parte de los planes de URBAN GREEN UP de los fondos Horizonte 2020, de los que se va a beneficiar el Ayuntamiento. De esta manera, en los calurosos días de verano, esa maravillosa sensación que se siente cuando se sale de calle Santiago y se entra en el Paseo Zorrilla, con su sombra, con su frescor, estaría presente en el centro de la ciudad, invitando a los vecinos a re-conquistar la calle y disfrutar del espacio público que siempre nos brinda nuestra ciudad.

En definitiva, y parafraseando a Lorca, Valladolid ¡Verde que te quiero, Verde!

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