Más de dos semanas en Marruecos dan para mucho, para aprender, para conocer gente increíble y descubrir una cultura diferente, desgraciadamente sumida en la pobreza y en la escasez de agua.

M’Hamid es un territorio olvidado, podría considerarse el último pueblo de Marruecos ya que la única ruta que llega, atravesando el Atlas y el Anti Atlas, realiza su última parada allí. Pero esto no siempre fue así, en otro tiempo esta ruta no se detenía y continuaba atravesando el desierto en caravanas de mercaderes bereberes hasta Tombuctú, era la puerta de toda la mercancía hacia el norte de Marruecos.

Es impresionante ver como el desierto ha ido avanzando y tapando terrenos de cultivo que hace 40 años eran huertas, trigo, alfalfa… Las causas son varias, una despoblación de los ksares (ciudades amuralladas) que existen en la zona, el cambio climático y una evidente falta de agua.

La historia del valle del Draa tiene un punto de inflexión muy marcado, la construcción en 1972 del embalse de Al-Mansur ed-Dahabi,  la vida cambió para los asentamientos más allá del mismo, una desastrosa distribución del agua ha dejado a esta región sin río y solo esporádicamente es abastecida de agua por acequias.

Nuestra labor en el oasis fue la reconstrucción de la puerta de Chorfa, estas puertas son el único lugar público de los ksares. En su origen tenían un carácter de filtro defensivo de la ciudad, no realizan un acceso directo sino que obligan a quebrar el camino al entrar. Además servían de mercado y refugio para comerciantes cuando caía la noche.

El siguiente vídeo muestra gráficamente el proceso de reconstrucción que realizamos junto con constructores de Chorfa.

 

 

El taller sirvió para aprender las técnicas de construcción con tierra más extendidas, el tapial y el adobe, y sobretodo su rehabilitación. Cuando llegamos nos encontramos con la puerta descubierta, con todos los muros y pilares erosionados por la lluvia y el viento y en evidente estado de abandono. Después de dos semanas de trabajo, pudimos devolver a la puerta a su estado original, además teníamos lecciones teóricas para conocer todo el abanico de técnicas de construcción con tierra.

Las tardes libres en el oasis nos daban para conocernos y conocer un poco más, hacer amigos, excursiones por el desierto, un té, otro té, dibujar, cantar, probar la gastronomía Marroquí y empaparnos de las tradiciones y de la vida del oasis.

El último día, como ya teníamos la puerta casi rematada, propuse a los paisanos la construcción de una papelera ya que era algo que yo personalmente eché en falta durante toda la estancia en el desierto. No existe recogida de basuras, simplemente juntan la basura y la queman. Después de varias discusiones sobre la ubicación de la misma, nos propusieron realizarla en una esquina del interior del pueblo, nada más entrar por la puerta. El profesor nos ayudó con la escritura para poder poner un letrero que indicara que era una papelera, aquí el resultado.

En resumen fue una experiencia muy grata, aprendimos, disfrutamos y realizamos un turismo responsable, que aporta mucho más que el turismo “standard”, en la mayoría de ocasiones contaminado y disfrazado de parque de atracciones. Si te interesa esta experiencia puedes seguir a Terrachidia y apuntarte a los futuros talleres.

Si tienes tierra, tienes casa.

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